termodinámica del botijo


A veces resulta sorprendente comprobar que detrás de la sabiduría popular se esconde un profundo conocimiento práctico de la naturaleza en la que nos movemos, adquirido sin necesidad de profundos conocimientos científicos que por otra parte no hemos tenido hasta épocas recientes. Muchas veces se ha asociado el atraso social y tecnológico de un grupo humano a sus usos y costumbres ancestrales y a los objetos que utilizan en su vida cotidiana. El botijo es un ejemplo de artilugio que se asocia al atraso secular que han tenido muchas zonas, sobretodo rurales en España.

Sin embargo, el botijo no es una pieza anticuada, vestigio de un pasado remoto, atrasada respecto a los modernos y sofisticados envases de nuestro tiempo. Al contrario, es una pieza hecha de un material milenario y extraordinario como es la cerámica, que posee propiedades sorprendentes que permiten a este envase mantener el agua a una temperatura fresca en verano. Los principios termodinámicos que sustentan este comportamiento derivan del material del que están hechos, la cerámica. Hoy he leído un sorprendente artículo en la red que explica de una manera extraordinaria la historia del botijo, sus principios de funcionamiento físicos y el material del que están hechos:

La cerámica del agua y su relación con la aridez

(Termodinámica del botijo)

Alberto Linés Escardó

In memoriam

Entre las más antiguas actividades del hombre, encontramos el trabajo del barro, cocido o no, con fines utilitarios. Labor antiquísima, ésta de amasar el barro y que trae el recuerdo de las primeras páginas de la Biblia.

Con carácter general podemos decir que cuando el hombre se hace sedentario, aparecen indicios de cerámica. La Arqueología busca con avidez estos restos cerámicos con que nos encontramos al cabo de milenios, reliquias de forma de vida, y ¿por qué no?, de climas pretéritos. La aparición de tales residuos debajo de una extensa y gruesa capa sedimentaria, es señal aceptada por muchos arqueólogos de indicios de formas de vida humana antediluvianas.

La arcilla trabajada y moldeada tiene algo de entrañable para toda persona medianamente sensible. Nos gusta la cerámica, entre otras cosas, por su fragilidad. No todo el mundo es capaz de emocionarse ante una sólida escultura de hierro, o ante esas formas de acero inoxidable que encontramos en el Arte Abstracto; es quizá más asequible a muchos el frágil barro moldeado.

Por otra parte, a través de las labores cerámicas, podemos intuir formas de vida pretéritas, costumbres, modos humanos de comunicación y también, formas de interrelación entre el hombre y su medio, lo cual, está a un paso del conocimiento del clima.

Los restos cerámicos son frágiles, como hemos dicho, pero a la vez perdurables como pocas cosas. Los fragmentos, si no son quebrados de nuevo pueden permanecer invariables siglos y siglos bajo la tierra.

[…]

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